El morteruelo de Cuenca es uno de los platos más representativos de la gastronomía tradicional de Castilla-La Mancha y, en especial, de la provincia de Cuenca. Se trata de una receta de origen humilde, ligada históricamente a la cocina de aprovechamiento, que ha perdurado durante siglos como símbolo de identidad cultural y culinaria.
Su elaboración consiste en la cocción lenta de distintas carnes, ajo y una cuidada selección de especias. Una vez cocinados, los ingredientes se trituran y se ligan con pan rallado o miga de pan, dando lugar a preparación de textura densa, intensa y llena de matices. El resultado es un plato de sabor profundo y textura untuosa, similar a un paté caliente.
Tradicionalmente, el morteruelo se sirve caliente y se consume untado sobre pan, especialmente durante los meses más fríos del año. Es un plato habitual en celebraciones, reuniones familiares y eventos gastronómicos, donde se comparte como entrante o tapa, reforzando su carácter social.
Más allá de su sabor, el morteruelo representa una forma de entender la cocina: respeto por el producto, elaboración artesanal y transmisión del conocimiento culinario de generación en generación. Hoy en día, sigue siendo un emblema de la cocina conquense, presente tanto en hogares como en restaurantes y elaboraciones artesanas que mantienen viva esta deliciosa tradición.


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